Leaving las vegas

Articulo realizado por César Frías Enciso. Socio Director & Director creativo de Morph Estudio. 
Imagenes cedida por Morph Estudio. www.morphestudio.es 

Es fácil hacer bien lo que amas… y a veces es difícil saber si lo amas porque te resulta fácil, o si a fuerza de practicar una y otra vez lo que más te gustaba, acabó resultando sencillo para tí. En mi caso, ésa disciplina que he entrenado una y otra vez, es la investigación conceptual.

Escribo estas líneas desde un avión camino de Las Vegas, donde daré una charla de innovación.  Uno nunca acaba de dejar de extrañarse de estar haciendo éste tipo de cosas. Tu idea sobre ti mismo te la formaste hace mucho tiempo y es complicado cambiarla, de modo que siempre que haces algo que se sale de lo que preveías, lo vives como si estuvieras viajando en el cuerpo de otro tipo.

Las horas de avión, que podrían pensarse perdidas, sirven al contrario, para forzarnos a tener un momento a solas con uno mismo. El día a día no te deja ver con perspectiva, como los escaladores  que van pensando en dar un paso tras otro para no perder el aliento, que no ven como de lejos han llegado hasta que paran a tomar resuello.

El caso es que voy a hablar de un tema relativamente ajeno al país del “que inventen ellos”, donde tenemos muchos complejos a la hora de, ni siquiera, pensar que somos capaces de innovar.

La innovación viene precedida de un acto de humildad, de reconocer que lo puedes hacer mejor. Si tú piensas que algo no se puede hacer mejor, nunca vas a plantearte dedicar tiempo y esfuerzo a intentar mejorarlo. Si sabes que tienes que mejorar, ya tienes algo, pero necesitas ser inconformista y determinado para transformar esa percepción en resultados tangibles. En mi caso, investigar e intentar cosas nuevas, es una droga, un tema sobre el que he reflexionado al ser una constante en mi vida.

Los arquitectos, al menos, los españoles, somos una paradoja andante. No somos ingenieros, ni somos artistas; ansiamos innovar formalmente y ser reconocidos por ello, pero no solemos innovar fuera de la arquitectura; somos empresarios, pero a la fuerza; criticamos a las estrellas a las que envidiamos, y nos gusta que nadie nos diga como ha de ser nuestra obra, por mucho que deseemos que guste a los demás.

Para mí, la profesión es mucho más sencilla de lo que parece; como a muchos otros profesionales, nuestros clientes nos pagan por pensar; por idear, de la forma más brillante y óptima posible la transformación de un espacio vacío en un edificio; por pensar cómo resolverlo normativa y constructivamente, por pensar cómo aquilatar su coste…. Tenemos una desventaja clara sobre el resto de ingenierías que es que nuestros productos, nunca son iguales, son siempre prototipos; ¿se imaginan el primer modelo experimental de Iphone?… no es para tirar cohetes, ¿verdad?… pues eso son nuestros edificios, cada vez. Tenemos por tanto, algo de Ícaro, por nuestras aspiraciones, y algo de Sísifo obligado a innovar una y otra vez.

Innovar en arquitectura es difícil y fácil a la vez. Difícil, porque se construyen millones de edificios cada año en el mundo, con un lenguaje y técnica que el movimiento moderno homogenizó en todo el mundo… y fácil, porque nadie ha visto con tu ojos ése lugar en el que vas a construir… y porque nos gusta.

Hay un momento muy bonito en todo este proceso, que es cuando empiezas a ver los primeros resultados… entonces, te preguntas: ¿porqué no lo hemos intentado antes? y entonces, sabes que estás en el camino correcto.

Para innovar en arquitectura hacen falta, al menos, tres clicks:

El primer click se suele hacer con el ratón. Para innovar hay que conocer lo que ya existe, y todas las premisas; las posibilidades técnicas y formales a nuestro alcance y alineadas con las posibilidades del cliente.

El segundo click se produce ya en nuestra cabeza, y consiste en identificar las oportunidades específicas de cada proyecto para poder aplicarlas de forma efectiva.

El tercer click se produce cuando se es capaz de ver la foto completa; cuando se ven los hilos que unen las premisas, y las oportunidades con las respuestas… después sólo queda transformar esos hilos, en líneas y las líneas en muros y forjados.

Pensando fuera de la caja (de ladrillo)

¿Por qué no innovar fuera de la arquitectura, en el proceso? Es algo necesario para ser competitivos en éste mercado tan tensionado, para ser más rápidos, tener más control, cometer menos errores… así es como llegamos a BIMBOT, nuestro proyecto de Inteligencia artificial aplicada a BIM en colaboración con Lurtis.

¿Es BIM una herramienta inteligente? ¿tiene sentido que un arquitecto siga dibujando o colocando cada puerta de su proyecto?, ¿y punteando superficies?, ¿tiene sentido tener a gente creativa realizando tareas rutinarias o lo hará a regañadientes?, ¿podemos realizar los encajes sin tanto dispendio de medios como destinamos ahora?… apliquemos la tecnología que ya existe para lograr los mejores procesos e innovemos para dar un paso adelante antes de que lo hagan “ellos”.

Trabajar con inteligencia artificial es jugar literalmente a ser Dios… o padre. La primera tentación es intentar que tu hijo piense como tú, haga las cosas como tú las harías. Es el camino más directo, pero también el más limitativo… inteligencia humana traspasada a una máquina mediante algoritmos que reflejan los árboles de decisión que habitan en nuestras cabezas. Esta es la parte en la que jugamos a ser padres… pero podemos jugar a ser dioses, aplicando el libre albedrío y simplemente crear entes de autoaprendizaje sin tanto condicionamiento, aceptando el riesgo que los resultados sean impredecibles.

Hay mucho que matizar en lo que escribo, y da para otro par de viajes trasatlánticos darle forma. Me imagino que tú que has llegado hasta ésta línea te estás preguntando que qué hace un equipo de arquitectos metiéndose en éstas cosas de los informáticos y de las tecnológicas americanas… yo, sin embargo, me pregunto: ¿por qué no lo hemos intentado antes?

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