Pasado y futuro del espacio de trabajo.

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Autor: Artículo redactado por Mario Ortega, arquitecto técnico prescriptor en ARETHA

No es nada nuevo que los entornos de trabajo sean cambiantes. El enfoque de la actividad laborar, los factores psicosociales, la ergonomía y el bienestar están en permanente estudio y evolución, y esto implica una constante adaptación del entorno de trabajo a las necesidades del usuario. 

Hoy en día el concepto de oficina nos transporta a imágenes icónicas de espacios diáfanos que facilitan la comunicación y el trabajo en equipo. Diseño, luz, zonas de relajación, ergonomía, y tecnología multitarea configuran un entorno concebido para maximizar la productividad, al tiempo que se cuida del bienestar del trabajador creando ambientes confortables, atractivos y funcionales.

¿Cuándo y por qué nace la oficina?

Esto no siempre ha sido así, haciendo un pequeño repaso sobre la evolución de la oficina nos encontramos con que el inicio de las oficinas fue oscuro y lúgubre, equiparando los entornos industriales a las necesidades que se avecinaban para la gestión administrativa y documental. De esta manera las oficinas carecían de luz natural y estaban repletas de escritorios con torres de documentos y archivos. Esto comenzó a cambiar en la primera mitad del siglo pasado cuando estos lugares comenzaron a tener más orden y luz. La transformación se produjo gracias a las propuestas del ingeniero Frederick Winslow Taylor por medio de las cuales pretendía aplicar las técnicas de la industria, eliminando todas las ineficiencias en las tareas administrativas, por lo que era necesario, entre otras soluciones, una nueva concepción del espacio de trabajo más abierta donde las tareas pasaran de una mesa a otra como si de cadenas de producción se trataran.

Esta idea, inspiró a Frank Lloyd-Wright para diseñar en Nueva York el Larkin Administration Building, y que posteriormente fue considerado el primer edificio de oficinas moderno, en el que aparecían salas enormes y diáfanas donde se instalaban grandes matrices de escritorios sencillos ocupados por máquinas de escribir y grandes pilas de papel. En ese tiempo, aún no se pensaba en la eficacia, sino en la supervisión, por lo que eliminar obstáculos visuales suponía mayor control sobre el empleado. 

No fue hasta pasada la segunda guerra mundial cuando el diseñador Robert Propst evolucionó esta idea generando entornos donde los empleados se sintieran más cómodos, manteniendo los espacios diáfanos, pero generando cierta autonomía que les permitiera trabajar a varios niveles y sectorizados por medio de elementos móviles. Esta idea fue bautizada como Action Office, pero como casi todas las ideas disruptivas contó con demasiadas reticencias por parte de los empresarios, ya que generaba desconfianza y suponía acometer una mayor inversión. 

No obstante, con la popularización del ordenador personal, la empresa se vio en la necesidad de abordar transformaciones progresivas pero radicales en los métodos de trabajo y a adoptar una versión actualizada del Action Office en cuanto a esa nueva necesidad de autonomía personal, lo que en la mayoría de los casos se tradujo en lo que hoy se conoce como cubículo, un lugar pequeño y claustrofóbico separado de otros iguales por paneles, solo apto para permanecer sentado, impersonal y alienante, por lo que las pretensiones de Prost, tampoco con este cambio se hicieron realidad. 

 Enfoque actual de la oficina.

Como decíamos al inicio, el mundo cambia, evoluciona y esta transformación es cada vez más rápida y vertiginosa, y el espacio de trabajo no es ajeno a todos estos cambios, es el escenario donde todo esto ocurre, un catalizador del proceso de transformación.

Afortunadamente este siglo está siendo decisivo para finalmente hacer realidad las ideas gestadas a lo largo de los años. La aparición de internet, la globalización, la deslocalización y los servicios en la nube entre otros, han hecho desaparecer los cubículos, generándose nuevos ecosistemas laborales hacia una empresa más social nacida gracias a las nuevas formas de organización de las startups de Silicon Valley, donde las estructuras verticales se disuelven y el empleado se convierte en el pilar fundamental en torno al cual pivotan aspectos claves como el entorno, el equipamiento y la tecnología, con el fin último de dotar de herramientas y bienestar para alimentar el trinomio entre la salud, felicidad y productividad del empleado. 

Se dice que hoy la empresa es líquida, difuminando la frontera entre la vida laboral y la vida privada, lo que nos lleva a una necesaria adaptación no solo del espacio corporativo, sino también nuestra propia vivienda, haciéndola más funcional con espacios de Home Office que, sin duda, además de la funcionalidad, pueden dotar de elementos diferenciales para elevar el discurso estético de la misma. 

La gran mayoría de las grandes corporaciones ya han adoptado esta nueva forma de trabajar, han adecuado sus instalaciones a las necesidades del momento y adoptando esta filosofía del trabajo con acierto, ya que es en el trabajo donde pasamos una gran parte de nuestra vida. Pero aún queda mucho por hacer. La mayor parte del tejido productivo está formado por PYMES que aún no han realizado este cambio de mentalidad necesario para ser competitivo y permanecer en el mercado. 

La tecnología ha avanzado mucho y lo hemos vivido en 2020, pero en el horizonte cercano nos enfrentamos a una nueva revolución , tecnológica en este caso, que lo cambiará absolutamente todo : hemos de estar preparados para ello.

A modo de síntesis, podríamos decir que la economía, la arquitectura y la cultura se combinan para guiarnos por ese camino que debemos transitar para llegar a la oficina que necesitamos hoy en día, y que no será la misma en base a la actividad a desarrollar, el número de empleados, las previsiones de crecimiento y otros factores claves a considerar. 

En Aretha creemos firmemente en esta visión y por ello desde nuestro origen nos mantenemos fieles a la idea de colaborar y ayudar de manera muy cercana con arquitectos, interioristas y space planners, aportando soluciones de equipamiento de espacios (mobiliario, acústica, iluminación, jardín vertical) que den vida a sus proyectos e ideas conceptuales. Proyectos que no sólo transmiten confort, funcionalidad y diseño, sino que están pensados para favorecer la productividad y creatividad de las personas que habitan dichos espacios cada día sin olvidar ni mucho menos la sostenibilidad en modo estricto.

Hoy estamos más que nunca ante una oportunidad sin precedentes para abrazar la nueva concepción del espacio de trabajo. 

¿Te apuntas al cambio?

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