Aretha en el espacio MATCOAM
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El color es generalmente uno de los primeros mensajes que nuestro cerebro recibe de un espacio, antes de que seamos conscientes de haberlo percibido.
Para nosotros estos son los diez principios que entendemos deberían guiar ese trabajo:
1. El color se procesa antes de la consciencia
El sistema límbico recibe el estímulo cromático antes de que el córtex lo procese e interprete. Esta secuencia tiene una consecuencia directa para el diseño: una decisión de color equivocada no se percibe como error estético, sino como malestar inexplicable. Las personas no dicen ‘este amarillo me parece demasiado saturado’. Dicen ‘no me siento cómodo en este espacio’ sin saber por qué.
En los espacios de ejercicios sensoriales diseñados por Begoña Díaz para los colegios, esta dimensión precognitiva del color es el punto de partida: los niños responden al estímulo cromático con el cuerpo antes que con el lenguaje

2. Neutros cálidos en zonas de concentración
Los tonos neutros cálidos — blancos roto, beis, grises cálidos, maderas claras — en zonas de concentración no son una elección conservadora. Son una decisión activa: reducen la carga cognitiva del entorno. El espacio deja de competir con la tarea. La atención disponible no se invierte en procesar estímulos visuales, sino en el trabajo.
En las oficinas de SI Group, esta lógica define la paleta de las zonas operativas: materiales nobles, tonos neutros que transmiten sobriedad y elegancia, sin renunciar a una estética contemporánea

3. El color de acento activa comportamientos específicos
El uso del color de acento en zonas de colaboración no es decorativo: es funcional. El estímulo cromático, cuando se emplea con criterio en los lugares donde el comportamiento que se busca — comunicación, creatividad, intercambio — lo requiere, contribuye a activarlo. No es magia: es arquitectura del comportamiento.
En las oficinas de SwiftAir, el color corporativo se integra en el espacio no como elemento de branding superficial, sino como señalizador de los momentos y lugares donde la empresa quiere que ocurra el encuentro y la colaboración.

4. La textura es simultáneamente visual, acústica y táctil
Elegir un panel de fieltro reciclado o una lama de madera para un revestimiento es, al mismo tiempo, una decisión visual, una decisión acústica y una decisión táctil. No hay jerarquía entre estas funciones: ocurren simultáneamente. Ignorar cualquiera de ellas es diseñar de forma incompleta.
En las oficinas de Zelestra Bilbao, los paneles de fieltro fabricados a partir de botellas de plástico reutilizadas y los revestimientos de lamas de madera que diseñó el estudio Gaztelu arquitectos son el ejemplo más claro de esta convergencia: materiales con propiedades acústicas, cromáticas y táctiles trabajando al mismo tiempo.

5. El color como sistema de orientación para los niños
En entornos educativos, el color es el primer mapa que los niños utilizan para entender el espacio. Antes de leer la señalización, antes de que el adulto les explique qué zona es cuál, el color les ha dado ya una información que guía su comportamiento. Esta capacidad semiótica del color en entornos infantiles es uno de los recursos más potentes y menos utilizados del diseño de espacios educativos.
Los espacios diseñados por Begoña Díaz para los colegios — tanto las zonas de ejercicios sensoriales para los niños como las salas de reuniones para padres y profesores — trabajan esta dimensión con precisión: el color no decora, organiza.

6. Los paneles acústicos son superficies cromáticas
La posición de un panel acústico en el espacio no es solo una decisión técnica: es también una decisión compositiva. Un panel que absorbe sonido también absorbe o refleja luz, añade textura a un plano, introduce o elimina color de una zona. Tratarlo únicamente como un elemento de ingeniería acústica es desperdiciar la mitad de su potencial.
En Zelestra Bilbao, los elementos suspendidos acústicos de los techos son simultáneamente parte de la solución técnica y parte de la composición visual del espacio. El rigor acústico y la intención estética coexisten sin tensión porque fueron concebidos juntos.

7. La madera como textura reductora de estrés
La presencia de madera en el espacio de trabajo no es una tendencia: es un resultado documentado en investigaciones de biofilia y neuroarquitectura. La exposición visual a la madera — incluso sin contacto táctil — reduce los niveles de cortisol, disminuye la presión arterial y mejora el estado de ánimo. No es intuición de interiorista. Es fisiología.
En los proyectos de SI Group y SwiftAir, la madera aparece tanto en el mobiliario como en los revestimientos, no como recurso estilístico sino como decisión de bienestar. Su presencia está calibrada: suficiente para producir los efectos documentados, sin dominar la paleta cromática general.

8. La paleta cromática y la temperatura de luz son inseparables
El mismo tono bajo luz de 3.000K o de 5.000K es, perceptivamente, otro color. La paleta cromática de un espacio debe definirse siempre en relación con la orientación del espacio y con las fuentes de luz artificiales que lo complementan. Elegir colores de muestras bajo luz de exposición de un showroom y aplicarlos en un espacio de orientación norte con luz fría es un error predecible.

9. JLa textura visual y la activación cognitiva baja
Los materiales de alta textura visual — tejidos gruesos, superficies rugosas, lanas, fieltros — en zonas de descanso activo generan una activación cognitiva más baja que las superficies lisas y brillantes. La rugosidad percibida — incluso sin tocarla — produce una respuesta de ralentización en el sistema nervioso autónomo. El tacto visual existe y tiene efectos medibles.
En las salas de reuniones padres-profesores de los colegios de Begoña Díaz, esta lógica define la elección de textiles y tapizados: materiales que invitan a bajar el ritmo, a conversar con calma, a habitar el espacio de forma diferente a como se habita el aula.

10. Coherencia cromática es narrativa, no uniformidad
La coherencia cromática entre zonas no significa que todo tenga el mismo color. Significa que existe un hilo conductor que permite al usuario comprender el espacio como un todo con partes distintas, no como habitaciones sin relación entre sí. Es la diferencia entre una paleta y un inventario de colores.
En SwiftAir, la identidad visual de la compañía aérea se traduce en una narrativa cromática que recorre el espacio desde la entrada hasta las zonas operativas: no como repetición de un mismo color, sino como variaciones de un mismo argumento formal.



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